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Graffiti quiteño: la Revolución de los Pétalos
 

En el último lecho del poeta Vicente Huidobro, en Chile, se puede leer: "Abrid la Tumba/al fondo/de esta tumba/está el mar". El creador de Altazor hilaba imágenes como graffiti: "eres más hermosa/que el relincho de un potro en la montaña"....

"Bajo las campanas está el mar", rezaba un graffiti en Quito -a mediados de mayo de 1991- que los arqueólogos del futuro lo encontrarán como hicieron con los dibujos rupestres de Altamira: símbolos fálicos descoyunturando al miedo.

En el último lecho del poeta Vicente Huidobro, en Chile, se puede leer: "Abrid la Tumba/al fondo/de esta tumba/está el mar". El creador de Altazor hilaba imágenes como graffiti: "eres más hermosa/que el relincho de un potro en la montaña".

Hay una palabra clave para entender la Revolución de las Flores, en Mayo del 68 en París: pavé. Carlos Fuentes lo señala: "El pavé, el bello y humilde adoquín de las calles de París, ha adquirido hoy un rango casi fetichístico: fue la primera arma de contrataque de los estudiantes brutalizados por la policía; el arma, como ha dicho Sartre, no de la violencia, sino de la contraviolencia de centenares de miles de estudiantes que jamás hicieron otra cosa que defenderse (_). Los adoquines se convirtieron en nuestro medio de comunicación de masas. Salimos a las calles porque no tenemos otra manera de hacernos escuchar. En una sociedad donde los mass-media han sido domesticados y monopolizados. Contra la abundancia de comunicaciones inútiles, hemos enviado el mensaje imprescindible de nuestras piedras y nuestras palabras.Y quizás hay otra razón: Debajo de los adoquines están las playas.Y las palabras. Los muros de París hablan: sueños, consignas, cóleras, deseos, programas, bromas, desafíos y la resurrección de una heterogénea progenie reunida en una especie de editorial permanente de piedra y pintura.Jean-Jaques un sicoanalista se queja amargamente: "Los consultores se han vaciado, pero realmente vaciado. La revolución ha sustituido al siquiatra. Ayer vino a verme una muchacha, cliente mía, y me dijo: Ustedes quieren adaptarnos a esta sociedad idiota. Me niego a ser adaptada. Quiero ser rechazada y rechazar el mundo actual. Y me dejó como recuerdo un adoquín sobre la mesa". 

El graffiti, entonces, es sinónimo de contestatario, en la primera revolución de los jóvenes, de diversos países. "Esa conciencia -de volverse más críticos- proviene de un sentimiento de enajenación y se expresa, originalmente, en un movimiento de contestation (palabra clave en la revolución francesa: contestation, contester: algo más que cuestionar, poner en duda, someter a examen, desafiar sin tregua, debatir a todos los niveles, impedir la consagración esclerótica de las cosas: contestación, respuesta, poner las cosas en su lugar, en situación crítica permanente). Enajenación: En el mismo lugar donde comienza Rayuela, en el pasaje que conduce hasta la calle donde Oliviera buscaba a La Maga, hay ahora un cartel azul y negro con un dibujo en blancos punzantes de Julio Silva y un texto de Julio Cortázar: Ustedes son las guerrillas contra la muerte climatizada que quieren vendernos con el nombre de porvenir Y esto es lo primero que hay que comprender sobre la revolución de mayo en Francia: que es una insurrección, no contra un gobierno determinado, sino contra el futuro determinado por la práctica de la sociedad industrial contemporánea. Asistimos a una revolución de profundas raíces morales, protagonizada en primera instancia por la juventud de una nación desarrollada. Y estos jóvenes dicen que la abundancia no basta, que se trata de una abundancia mentirosa. Primero, porque pretende compensar con la variedad y cantidad de los bienes de consumo la uniformidad y la paucidad de los contenidos reales de la vida: comunicación, amor, cultura, dignidad personal y colectiva, sentido de la cualidad del trabajo, sentido de autonomía crítica de los individuos y de las organizaciones, relaciones concretas y decisivas entre cada hombre y lo que hace, dice, rechaza o escoge". 1

Mientras más hago la revolución más ganas tengo de hacer el amor; mientras más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución. En Quito, después de 25 años de la Revolución de las Flores, apareció este graffiti con un añadido: pero hay un problema, soy virgen. El pavé francés se había transfigurado en el aerosol, pero de los que no contaminan al medioambiente. Fueron estos jóvenes ecuatorianos amantes de Cortázar quienes retomaron su palabra y hasta realizaron una adaptación libre. Hay un papelito que circuló en 1993: "Lo imposible se hizo día en París, un largo mes de día, amaneció Mayo de 1968, se despertó en la calle, en los cafés y un pueblo que no hablaba más que para callar descubrió la palabra, hizo el amor con ella en cada esquina, bajo cada puente, un árbol de sonrisas nació sobre el cemento_ en París se pidió lo imposible, los actos buscaron destrozar las máscaras del tiempo, la Gran Costumbre, el Gran Consumo, el Gran Sistema_". En una letra menuda se puede leer además: "A los 25 años tomamos la bandera desde el pupo de América Latina y gritamos nuestras palomas al viento porque estamos vivos, creemos en los sueños posibles y sabemos que la Utopía está a la vuelta de la esquina pastando con un unicornio_ Vamos a gritar nuestra magia de jóvenes de la "Generación de los 500 años", este día 27 de mayo, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central (va a ver musiquita, teatrito y poemitas), lo único que tienes que hacer es desempolvar los sueños "con la certeza que Mayo puso en el vientre de la noche un semen de antorcha que mira hacia lo lejos para inventar el alba, el futuro".

Fueron estos mismos jóvenes quienes escribieron: "Pedimos para los poetas hospitales de colores" o "Más poesía menos policía" junto a "Qué suerte que los pájaros se siguen cagando sobre las estatuas". Pero también tuvieron sus réplicas: "La literatura es el precio que se paga por servir al demonio, f: Las investigadoras" y contraréplicas: "El amor no es literatura hasta que no se escribe en la piel". En el libro inédito Graffiti en clave de Azul hay aproximación literaria a esos momentos: tras una pelea ideológica con su pareja a "Mateo no le dolió que su mano se alargara por medio de la pared. Como un pintor frenético no le importó que el sudor se escurriera también por la noche. La pared en cambio, recibió el regalo como una bendición. Mañana podría lucir las palabras en medio del atolladero del tráfico y los personajes con corbata. Mateo regresó a mirar. Supo entonces que las palabras ya no eran suyas. Y se escurrió por la noche_ Antes de que llegue el alba, la pared festejó su nuevo vestido: "No quiero ser un náufrago en este mar de pirañas". 3 Para el sociólogo Alejandro Moreano "la crisis del proceso revolucionario provocó un estado de ánimo de desilusión y desencanto (_). La derecha ganó la razón política, y nos queda la razón moral, la capacidad de cuestionar el orden existente desde la intimidad. El graffiti es la recuperación poética de lo cotidiano, convoca a otros tipos de cuestionamientos, de subversión, ya no subversión política que no es viable en este momento, sino una subversión desde lo íntimo; y esto me parece que, dice, prepara material para el futuro".4

En esa batalla para ganar la cotidianidad se enfrentan los graffiteros armados de aerosol y poesía. Aunque, obviamente, hay graffitis que siguieron otras líneas la huella de Quito se forjó en lo poético, con un lenguaje -que al igual que los postulados contestatarios- subvirtieron el lenguaje: fueron una pedrada dada al descuido al transeúnte. Me parece que era su manera de instalar una Revolución de los Pétalos, aunque muchos nunca lo supieron. En un país donde solamente el uno por ciento de sus jóvenes leen, salir a escribir en las paredes era en sí un acto de sensibilidad. Fue entonces que los símbolos se cargaron de rupturas.

Moreano señala: "El graffiti no es un medio de comunicación de masas, es el derecho de la subjetividad a exhibirse públicamente". Y así aparecieron: "Tengo una mujer atravesada en mi cerebro, quisiera escupirla pero tengo otra mujer atravesada en mi garganta" o "¿Te atreverías a saltar por el ojo de una aguja?". Estos códigos no estaban alejados de una actitud política, pero muchas veces desde la desesperanza: "Recordado país, ¿cómo era que te llamabas?" o "La sociedad construye abismos, hay niños vendiéndolos en la calle". Y en el fondo una marginalidad: "Hasta cuándo seremos los pacíficos dueños de tanto absurdo" o "La moral está por los suelos. Písala!". Y un desprecio a los políticos: "Las putas al poder sus hijos ya fallaron" o "Mi binomio son tus ojos".

Grafitti

Dentro de esta actitud crítica los medios de comunicación también llevaron su parte: "Periodista: media vida habla lo que no sabe, media vida calla lo que sabe" o "Periodista quítale el condón a tu pluma". Tampoco el problema medioambiental quedó a un lado, pero con otra lectura: "Qué suerte que los ecologistas son biodegradables", "Fluye el petróleo_ sangra la selva" o "Quisiera ser ecologista en un bosque de mujeres". Pero ante todo la urbe, que ha crecido cuatro veces en menos de 25 años: "Quito: Patrimonio de la soledad", "Cómo gasto paredes recordándote", "Ciudad: entre el charco y la despedida", "La ciudad se derrumba y yo pintando", con bastante influencia de Silvio Rodríguez, que al igual que estos poetas tuvo una influencia fundamental de César Vallejo.

Junto al canto existencial de "La vida empieza cuando los hijos se van y el perro se muere" o "Somos mártires de una causa perdida" está la urgencia: "Proletarios del mundo uníos. Ultima llamada" o "El Capitalismo vive porque los hombres han muerto" y la realidad: "Vivimos la resaca de una orgía que nunca participamos". Siempre, la cruda realidad: "Vendrá la Muerte y tendrá tus ojos" o "Cristo viene, compre su entrada". Pero siempre la poesía: "La Luna cayó en mi jardín, hoy solo cosecho manzanas de plata" o "Algún día los grillos espantarán trigales". Pero también: "No confíes en tu sombra porque puede ser el espía de tu subconsciente", encontrado en un bar.

Armando Silva dice que "la inscripción urbana que llamamos graffiti corresponde a un mensaje o conjunto de mensajes, filtrados por la marginalidad, el anonimato y la espontaneidad y que en el expresar aquello que comunican violan una prohibición para el respectivo territorio social dentro del cual se manifiestan". 5 En esto de pervertir el orden se reconocen otros momentos: el graffiti de Mayo del 68, el del metro de Nueva York -donde Basquiat o Haring terminaron en las galerías de arte- el tercer movimiento que irrumpió en los 80`s en América Latina, en donde en algunas de sus ciudades primó, debido a su condición política, un graffiti más ideológico que expresivo. Todo esto sumado a un compendio de humorismo, a lado de máximas y refranes populares donde, como dice Silva, "es evidente que nuestro graffiti sigue el rico patrimonio hispanoamericano: crueldad, machismo, viveza, erotismo, juego con la muerte y una visión un tanto cínica y apocalíptica del futuro (_). Pero también hay que anotar que el uso de la imagen en el graffiti actual se debe a su misma evolución hacia posibilidades de expresión poética, e incluso al estímulo mismo de sectores artísticos que en distintos países han cobrado presencia sobre las mismas paredes de la ciudad". 6

Este denominado Tercer Momento llegó a Quito a inicios de los 80's, en los 90's lo que ya se intuía sucedió: el graffiti se jugó por la literatura. En un país donde precisamente la apertura a la nueva literatura no es usual los graffiteros convirtieron a la pared en su mejor imprenta y una manera de contar los propios temores de la urbe, esperanzas e incertidumbres, naufragios y traiciones, ternura y fantasmas, utopías y bastante soledad. Un tatuaje para comprender a esta ciudad de campanas y neón: un telón abierto sin ambages y donde la adrenalina se confunde con las vitrinas de oropel."Cuando pinto estoy profundamente conmovido, entro en un estado de trance. Día a día acumulo evidencias, resplandores, juegos de rayuela sin ficha, llega un punto en que todo se desborda en cinco o seis palabras, es cuando siento la necesidad de continuar el vértigo", dice un ser del nocturno azar. 7

"La ciudad estampida siempre deja una salida, balas perdidas rompiendo espejismos, cometas que huyen de invernaderos_ La aventura es interminable, la ciudad es un simple pretexto", dice un representante del triángulo (en Quito cerca de ocho grupos irrumpieron y dejaron su huella: un triángulo, una escalera, un reloj, la espada, una lágrima o dos K invertidas, entre otros). Y allí están sus postulados: para un integrante del ojo "A América Latina le hace falta un desgarramiento, un momento de hipersensibilidad para poder abandonar prácticas sociales totalmente destructivas". Para un representante del reloj pintar graffiti es como pintar a los amigos o como dice Eduardo Galeano: "uno escribe para los amigos que están lejos". Para un graffitero vinculado al triángulo, que habla de expandir los naufragios, "la vida está en el intento de despertar al resto, en el pretexto más tenaz para respirar y no sentir miedo". En cambio uno de S.O.S pecho "Los estremecimientos más hermosos se dan cuando vemos la inmensidad de nuestra colisión, cuando convertimos al horizonte en un inmenso juguete" 8

Alicia Ortega al referirse a lo que ha denominado graffiti bello dice: "podemos rastrear la construcción de un sujeto moral capaz de censurar a los demás ("Oye estúpido promedio, ¿porqué no te aflojas la corbata" o "Tu vida un océano de trivialidades") y de presentarse como compensador de males y como fundador de una "cofradía de justicieros" en la que la práctica letrada es un ejercicio de especulación de un orden nuevo". 9. Aunque advierte que hay reciclaje y discursos y viejas profecías (como, Dadme una pared y cambiaré el mundo) el graffiti de Quito -de la vertiente poética- muestra a jóvenes que inauguraron en las paredes una corriente literaria ecuatoriana, llena de imágenes y simbolismos. De hecho, muchos de ellos han continuado con su trabajo y, al momento, han publicado básicamente poemarios.

Pero también está una filosofía, acaso más humanista, que no pudieron desprenderse de esas paredes. No fue, como se ha señalado, un literatura arcaizante, sino una situación de ruptura -en muchos casos- con la palabra sin renunciar a la filosofía contestataria. Aunque ese Tercer Momento tuvo también otras vertientes que podrían ser entendidas si se toma en cuenta que fueron una manera de aproximación literaria en una sociedad cargada de símbolos visuales con contenidos diferentes, rechazados por los graffiteros.


Sin embargo no todo lo que está en las paredes puede ser considerado como graffiti, porque muchos no van en contra de un orden establecido, excepto pintar en una pared que está prohibido, señala Armando Silva. Pero en la movilidad del graffiti se puede sugerir como una ruptura en una sociedad no habituada a estas simbologías.

En ese sentido, el escritor Edgar Alan García sugiere también una aproximación literaria al graffiti. Lo sitúa junto a los haikus japoneses: un poeta camina solo en busca de inspiración, en lo alto de una roca encuentra a otro poeta y escribe: "Cima de la peña: allí también hay otro huésped de la luna". Estos súbitos destellos son una suerte de revelación: "Peces voladores: al golpe del oro solar, estalla en astillas el vidrio del mar". Y las influencias son de Pound, Claudel, Tablada, Huidobro o Villaurrutia con: "Cuando la vi, cuando la vid, cuando la vida". De hecho, además, hay en las paredes Beneddeti: "Te quiero porque tus manos trabajan por la justicia". Pero podría también estar Borges: "el nombre de una mujer me delata/me duele una mujer en todo el cuerpo". Además tienen similitud con los microgramas del ecuatoriano Carrera Andrade: "Nuez: sabiduría comprimida,/diminuta tortuga vegetal/cerebro del duende". Y en sus variantes se puede encontrar aproximaciones a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna que escribió: "las serpientes son las corbatas de los árboles". En Quito se escribió "el viento es torpe: no sabe cerrar las puertas" o "el sueño es un depósito de objetos extraviados" o "El llanto de las piedras es la risa marchita de la hierba".

García realiza una búsqueda de fragmentos de poemas que podrían ser aparentemente graffiti, en el contexto válido de mostrar la ternura: "Eros, yo quiero guiarte, padre ciego", de Delmira Agustini; "Tú, el arco iris tenue después de mil diluvios", de Gonzalo Escudero; Tu labio es un sendero de sangre hacia el espasmo; eres un surtidor de fiebre entre la sombra", de Miguel Angel León; "El mundo (comienza) en los senos de Jandira", de Murilo Méndes; "Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos/como la espada del río a la luz del incendio", de Octavio Paz; "No es el amor quien muere/somos nosotros mismos", Luis Cernuda; "Si quiere ver la vida color de rosa/eche veinte centavos en la ranura", de Raúl González Tuñón, y claro del propio Edgar Alán García: "Lunático menguante/busca mujer creciente/prometo órbita elíptica/o eclipse en caso de melancolía". 10

En el libro Entre Marx y una mujer desnuda, de Jorge Enrique Adoum, se puede encontrar abundante material: "Las mujeres hermosas siempre están acompañadas de pendejos". En este texto, vital para un acercamiento a la mentalidad ecuatorina, se puede leer además: "En este país para ser feliz hay que serlo a costilla de alguien, por eso acá ser feliz es casi una canallada" o "Así entró el Conquistador, centauro de presidio, con Santiago y Dios al ancay pólvora y gonorrea en las alforjas". En el libro El ocio incesante, de Francisco Tobar García, se puede encontrar: "Me busqué a mí mismo en todos los cuerpos de las mujeres con quien hice el amor" o textos como "La culpa... ¿no ves como las antenas han remplazado a las cruces? Nadie cree en Dios ahora. Todos hablan de la última telenovela venezolana. ¿Involución?" En el caso de las greguerías está el vasto trabajo del ecuatoriano Guillermo Rosero, que aún no ha sido reconocido: "Y la cola del perro se llenó de sonrisas" o "¿Qué pasaría si se descubriera que fue Adán el que ofreció la manzana a Eva?". Además se puede leer: "La aviación francesa en la Edad Media, se reducía a escobas", "Los príncipes azules cambian de color con la edad; de allí nacen los viejos verdes", "Cuando se pone un calcetín parece que se usa un preservativo inocente", "El borracho se coge la cabeza cuando regresa a casa, para estar seguro de no haberle dejado empeñada", "Quise desnudarla con la mirada pero hacía mucho frío", "El amor viene así... de repente. Y se va así... derepente", "Cogió un caballo y se limpió los dientes", "Con el beso me robaron los gérmenes más puros", "Era un amante tan ingenuo como el primer colono", "Lo primero que Eva se tapó fueron los ojos. Adán se tapó los oídos", "Cuando terminó de desempolvar sus recuerdos, descubrió que había sido un imbécil". 11.

El graffiti siempre hay que leerlo en contexto. Silva, en su libro Una Ciudad Imaginada, segunda edición, página 10, señala: "El sello característico del graffiti viene marcado por la prohibición social de lo que expresa y a partir de tan delirante ambivalencia es como concebimos su escritura como pervertora de un orden linguístico, social e idelológico". ¿Por qué, entonces, señalar, que una parte de los graffiti quiteños tienen un parentezco con la literatura? Eso tiene una explicación: el taller literario Truco Palabra, fue uno de los primeros en tomar las paredes para presentar su arte: Eduardo Galeano en 1987 recopiló uno, aparecido en letras rojas en la avenida Colón: "Porque no le damos todos una patada a esta burbuja gris. Los jóvenes poetas del taller Matapiojo también acudieron a los muros para impregnarlos de sus creaciones: "Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles". Makarios Oviedo, en su libro Culturas subterráneas: el graffiti, nos trae una aproximación: "Se nos enseña a actuar en el teatro de la vida, unas veces con máscaras y otras con pelucas; una veces con el sentimiento de culpa y otras con el del perdón". Esta transgreción del canon -mezcla de epigramas y antipoemas- es una suerte de cuestionamiento a las élites culturales: los falsos gurúes, a veces. Y es este arte de la calle que queda confirmado por el graffiti que "pone su huella indeleble, altiva, comprometida. Ahí está, dice Oviedo, para sacarnos del anonimatom de ese anonimato que nos da una vida furtiva, tímida, incrédula, dentro de esta cultura "kisch". Cada día la ciudad se levanta con un nuevo mensaje de libertad, con una nueva inyección de esperanza, con un nuevo síntoma de que vamos saliendo de ese estado de coma en que por vía entrevenosa vivimos". 12

¿Pero quienes eran esos jóvenes que burlaban a la noche, a inicios de los 90`s? María Luisa Barahona en su tesis Entre paredes, de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central, nos aproxima a este mundo: el 75% de los hacedores de graffiti se dedican a una actividad artística como música, poesía y pintura, en ese orden. El 75% también estudian carreras relacionadas con las ciencias sociales y no pasan los 25 años. El 80% protesta contra el sistema en general pero también hay altos porcentajes en contra de la injusticia y la indiferencia. Es interesante conocer, además, que el 33% se dedica a una actividad política y la mayoría comenzó temprano: el 50% lo hizo entre los 11 y 15 años como una manera de desahogo a ese etapa. Barahona señala: "Todos los autores demostraron ser personas seguras de su mismas y expresaron que están a gusto con lo que hacen. Sin embargo al preguntar sobre su realización personal el 92% entiende a esto como un proceso largo y complejo, pues siempre hay algo nuevo que hacer".

Estos entrevistados coinciden en señalar que el motivo que los conduce a la elaboración de los graffti es una necesidad interna que tienen de comunicarse y expresan su posición a la vida por todos los medios posibles. "El graffiti constituye en un espacio lleno de magia y poesía, sustentado en diversas situaciones cotidianas, es un cómplice del autor y es un concierto sutil y sugerente. Desconcertante". Barahona dice que esta cotidianidad qye urbaniza y que deshumaniza, como lo reconocen los graffiteros, es el resultado de determinadas relaciones de producción. y en este terreno se da la comunicación. De hecho, el 83% cree que los medios de comunicación tradicionales buscan mantener el sistema consumista vigente. El 75% considera que los mass media representan a las clases altas y al Estado, y son estos sectores quienes detentan el poder (en Ecuador el 5 por ciento de su población es la dueña del 56 por ciento de la producción). Es entonces que esos tatuajes de la urbe también están presentes en sus hacedores. Es esta filosofía contra el oropel la que mueve al aerosol. Sin embargo, los graffiteros no son idiotas latinoamericanos: cuando tienen oportunidad de trabajar en un medio de comunicación tradicional -ellos lo reconocen- acuden bajo un argumento: utilizar al medio para intentar de plasmar sus ideas. Por eso el 50% está en contra de la deshumanización y el 25% responde a las tensiones de la vida urbana. El 92% ciento está convencido que el graffiti es esencialmente contestatario y el 58% defiende lo poético.

En otras entrevistas, el 83% busca crear conciencia, el 67% crear reflexión, el 50% cambiar de conducta y el 50% lo hace exclusivamente por divertirse. Hay otra señal: el 67% cree que es importante la agesividad para realizar graffiti. Estos porcentajes no suman el 100% porque los entrevistados optaron por varias respuestas. En el momento de pintar el 58% lo hace colectivamente mientras que el 42% lo hace indistintamente individual o grupal.
          ¿Pero qué piensa el público que los lee? Al otro lado de las paredes pintarrajeadas hay un 56% que cree que atentan contra el ornato de la urbe, pero el 32% considera que no hay problema. El 47% es partidario de un castigo y el 25% dice que no debe haber represión bajo nungún concepto. De estos entrevistados, más de un centenar, el 56% reconoce que algún graffiti lo llevó a la reflexión, y el 23% dice que pintaría un graffiti si tuviera algo que comunicar. Hay otro punto a favor: el 59% creen que los fantasmas de la noche tienen una actitud crítica frente a la sociedad. Sin embargo el 12% señala que quienes los pintan lo hacen porque no tienen nada mejor que hacer y el 1% (probablemente un dueño de casa) dice que los que pintan en los muros tienen un desequilibrio mental.
          ¿Pero quienes son estos perceptores? De los encuestados que trabajan solo el 20% está satisfecho de su situación actual mientras que el 80% está mas o menos o de ninguna forma satisfecho. 13. Por eso no es de extrañar que se pueda leer: "Señor dueño de casa déjenos pintarle sus limitaciones" o "Un océano de mercancías/un barco de hombres a la deriva", que después algunos graffiteros tuvieron que tragarse entero, con todo y naufragio.
          Patricio Falconí, en su libro de graffiti, trae a Borges a escena, dice que si las hadas no le hubieran hecho poeta hubiera sido -un suponer- guerrero de paredes: graffitero. Y lo cita: "No exageres el culto a la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces" o "Que la luz de la lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea, Dios la verá". 13
          El graffiti como imaginario urbano se transforma en un cronista para entender -de manera descarnada- la mentalidad de una ciudad. En este caso el graffiti ideológico dio paso al poético. Silva dice que obligado a buscar otras respuestas ciudadanas: "se fue gestando y naciendo un "movimiento" plástico coyuntural, que coincidían en un lugar común: deshacer la escritura-graffiti de las antiguas formas panfletarias y acudir a nuevas suspicacias formales; introducir el afecto (y el efecto social), pero también la forma de arte, la figura y no sólo el verbo, para concebir un nuevo proyecto estético de su iconoclasta contemporánea". 14 Y se pregunta: "¿No podría pensarse que el conjunto graffiti de una ciudad se constituye en cierta fabulación colectiva que acerca sus enunciados y su temática a la mecánica narrativa de una novela? Incluso, de hecho, ¿no existen condensados que son auténticos "minicuentos" descarnadamente realistas?". 15. Como un graffiti que decía: "Erase una vez_ truz" o como diría Monterroso: "Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba ahí".
          Pero las frases de los escritores también aparecieron en los muros quiteños como una prueba de que los graffiteros los tenían presentes y los querían compartir: "Madurar es adecuarse física y espirtualmente a la porquería: f. Sábato", "Confieso que he vivido: f. Neruda", "Los ritos son necesarios: f El Principito" o "El precio del poder: la soledad: f. García Márquez" En una urbe, donde la memoria es frágil, los ritos siempre son importantes.Y haciendo una aproximación de Borges se podría decir que el que lee un graffiti en realidad lo está inventando o que el que levanta un adoquín es porque añora el mar -y los cambios de las olas-, aunque viva en una ciudad de neón y campanarios.

Notas

1. Fuentes Carlos, París, la Revolución de Mayo, Indice Rojo.
2. Ron Alex, Quito: ciudad de grafitis, Consejo Nacional de Cultura, Instituto de Investigaciones de la Cultura.
3. Morales, Juan Carlos, Graffiti en clave de Azul, inédito.
4. Ron Alex, Quito: ciudad de  grafitis, Consejo Nacional de Cultura, Instituto de Investigaciones de la Cultura.
5. Silva, Armando, Una ciudad imaginada: Graffiti y expresión urbana, Universidad Nacional de Colombia.
6. Silva, Armando, Una ciudad imaginada: Graffiti y expresión urbana, Universidad Nacional de Colombia.
7. Morales, Juan Carlos, Revista Generación XXI, julio de 1997, Editores Nacionales.
8. Ron Alex, Quito: ciudad de grafitis, Consejo Nacional de Cultura, Instituto de Investigaciones de la Cultura.
9. Ortega, Alicia, charla presentada en la Universidad Católica de Quito, sobre su tesis de graffiti, de la Universidad Andina Simón Bolívar.
10. García, Edgar Alán, charla presentada en la Universidad Católica de Quito.
11. Rosero, Guillermo, El mundo de las greguerías. Colegio Nacional Teodoro Gómez de la Torre, Ibarra, Ecuador.
12. Oviedo, Makarios, La muralla el papel de los de agalla. Casa de la Poesía Jorge Carrera Andrade.
13. Barahona, María Luisa. Entre Paredes. Tesis de la Facultad de Comunicación de la Universidad Central.
14. Falconí, Patricio, Esa maldita pared, FundaFuturo.
15. Silva, Armando, Imaginarios Urbanos, Tercer Mundo Editores.
16 Silva, Armando, Una ciudad imaginada: Graffiti y expresión urbana, segunda edición, Tercer Mundo Editores.

____________________________

* Ponencia presentada en Quito en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana, Jalla 97, por la Univesidad Central del Ecuador, Facultad de Comunicación Social.

Vínculos
Créditos
Juan Carlos Morales Mejía
email:
web:
fuente: http://ecuadorgraffiti.homestead.com/
2007-02-07
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